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Últimos mensajes dejados por fersampa

Mensaje escrito por fersampa el 20/11/2018 07:43:16 pm - Puntaje: 0 
ZatanusX50 escribió: Y en esta peli explican cómo superan los Cinturones de Van Allen ????
No.. la mayor infidencia que cuentan es que Neil Armstrong era fan de Van Hallen.
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Mensaje escrito por fersampa el 20/11/2018 10:35:39 am - Puntaje: 2 
Esperando los subs

Mensaje escrito por fersampa el 15/11/2018 10:39:12 pm - Puntaje: 0 
cachitoz escribió: Me parece un bodrio esta peli....!!!Aprovechando el thread, alguien tiene cuenta en Nordiken para bajar este subtitulo... http://subirimagen.me/uploads/20181115171447.jpg
buscala en subadictos que la bajas con subtítulo. Excelente peli alemana.

Mensaje escrito por fersampa el 06/11/2018 10:44:23 am - Puntaje: 7 
Acabo de terminar de ver la sexta temporada de House of Cards y me desepcionó mucho. Se no ta mucho la ausencia de Spacey y el guión entrecortado tanto temporal como dramáticamente, deja mucho que desear. Se abren muchas lineas dramáticas las cuales no se llegan a completar. En resúmen está hecha a las apuradas, mal editada y con un final que no es creíble y demasiado abierto para ser el fin de toda la serie . House of Cards es lo peor de netflix de este año... Volvé Spacey.

Mensaje escrito por fersampa el 05/11/2018 02:50:37 pm - Puntaje: 3 
LA RAÍZ DE LA VIOLENCIA Un cuento de Fersampa. “A veces las historias no tienen dueño, simplemente son parte de la cultura popular que con el paso del tiempo y el boca en boca van enriqueciendo la narrativa de la misma. Mutando lugares, fechas, personajes y en ciertos casos hasta poniendo en duda la veracidad de los hechos acontecidos. Pero eso si, sin perder la esencia misma de la historia, la cual a través de los años puede transformarse en un hecho histórico, en un mito o en una leyenda urbana. La diferencia entre una y otra es la historia en si, el acercamiento que cada una de ellas tiene con respecto al suceso original y las causas que generaron dicho sucesos.” El Autor Año 1955 – Capital Federal – Prov. de Buenos Aires. Argentina A Antonio Gramajo se le acabó su ciclo de vida. Su cuerpo semidesnudo está cubierto de sangre seca y sus ojos abiertos miran a la nada misma. Su asesino no tuvo la decencia de cerrárselos dándole al rostro una falsa sensación de vida. Sensación que horroriza hasta la muerte a Graciela Cuenca, la anciana de ochenta años, casera de Gramajo, que muere aterrorizada al descubrir el cuerpo destripado de su inquilino. Los gritos de horror que da Cuenca hasta sufrir un infarto que la deja tirada en el suelo a pocos centímetros de la cama donde se encuentra Gramajo, alerta al resto de los inquilinos del Hotel familiar “Santa Evita” Mientras varios curiosos se amontonan dentro de la habitación, dos de ellos corren en busca del vigilante que se para todas las noches en la misma esquina. Quien al ver la sangrienta escena dentro de la habitación, inmediatamente da aviso a la comisaría 35, a la cual pertenece. Una hora más tarde varios policías de la comisaría, un periodista del diario Crítica, un fotógrafo del mismo diario y dos camilleros del hospital Rodríguez, se presentan en el lugar para llevar los cuerpos a la morgue judicial, cubrir la noticia de las muertes y dar inicio a la investigación correspondiente. Para la justicia el caso toma el nombre de “Gramajo – Cuenca: Homicido/ Muerte Súbita”, por otra parte para el diario el titular es un poco más colorido “Destripador suelto en Constitución”. - No suelo negarme a nada en este trabajo, pero no creo que pueda llevar adelante este caso en particular, señora... - Es señorita, si no le importa... Y yo vine a usted por recomendación del senador Lopardosa, quien me lo recomendó como el hombre indicado para solucionar mi problema. Pero por lo que veo, estaba equivocado. - Señorita, no importa lo que diga ni de parte de quien venga, este caso no es para mi. Verá, tengo familia y soy su único sostén, no estoy interesado en dejar una viuda y dos huérfanos antes de tiempo. Lo que me esta pidiendo, no me es posible de realizar, no importa el dinero que me ofrezca. Lo que si voy a hacer es recomendarle otro detective. Este bastardo se desayuna con casos como el que usted me menciona, señorita. El detective anota una dirección, Viela 452 5to piso dpto. “E” y un nombre, Carlos Rodríguez Cúneo, en el dorso de una tarjeta, a la cual le tacha su propio nombre y dirección y se lo entrega a la mujer. Ella la acepta y sin decir una palabra se levanta de la silla, le da la espalda al hombre y se dirige a la puerta cruzando la oficina con pasos cortos y rápidos, ceñidos por la estrechez de la falda que le imprime una perfecta forma de pera a su trasero, siendo este, lo último que ve el detective, antes de que su cabeza golpee con fuerza el escritorio. Su frente abierta como si se tratara de una manzana madura, muestra el sangrante orificio de salida de una bala. Disparada con precisión, desde la terraza del edificio vecino, ubicado detrás del gran ventanal, donde ahora puede apreciarse un pequeño agujero rodeado por varias grietas que se alargan, cual telaraña, sobre el vidrio, ahora astillado. En las calles de la Capital Federal, el destripador y el extremo frío que cubre a la ciudad, son los temas predilectos de los porteños, que corren a llenar los bares en busca de un café caliente o de algo más fuerte, que deshiele sus huesos. El nuevo discurso de General Perón llamando a la unidad nacional y exhortando a los llamados oligarcas a deponer la actitud de “contreras”, es emitido en todas las radios de país. Mientras tanto actrices como Niní Marshall y productoras como Argentina Sono Films, prohibidos por el gobierno, arman nuevas producciones dirigidas al mercado mexicano, ávido de ideas que contemplen el sentir latino. - Hasta el momento de la censura, el cine Argentino estaba a la par del Hollywood americano y la mayoría de sus actores y actrices eran conocidos en todo el continente americano y parte de Europa. Otra vez Perón lo hizo. – dice con ironía Facundo Suarez, asistente de dirección de una de las productoras prohibidas. Y agrega - Este facho pedófilo va a acabar con el país, asi como acabó con mi trabajo. - Como dice mi padre, “No hay mal que dure cien años”, Facundo. Además no son pocos los que quieren a Perón fuera. Cada vez somos más y estamos trabajando para eso, ahora mismo mi padre está reunido con varios militares que no son adeptos al régimen y que odian al general tanto como vos y yo... - Pero siento que con eso no me basta. ¿De que voy a vivir? Si necesito la maldita documentación que certifique que soy afiliado al partido para conseguir un trabajo. No puedo esperar, una familia no se alimenta con ideas ni planes a futuro... - La paciencia genera millones... - No es eso Esteban, es el hecho de estar prohibido lo que me mata, es como si te cortaran los brazos, como si te cercenaran el cerebro para aceptar cosas que te son impuestas bajo el disfraz de darle a lo que menos tienen. ¿Pero nosotros que? ¿Qué pasa con la clase media que lo único que hace es romperse el culo trabajando para que estos te saquen la guita y mantengan a esos negros vagos por un voto de mierda, que los siga manteniendo en el poder por los siglos de los siglos? Si hasta en el colegio le lavan la cabeza a los pibes, vos viste las primeras palabras que les enseñan. Perón, Evita, Mamá, Papá y Patria. ¿Lo puedes creer? Les están lavando el cerebro a nuestros chicos. ¡Estos hijos de puta meten a todos en la misma bolsa, los rotulan oligarcas, te ponen el país en contra y listo, gobierno asegurado! - Tenés razón mi amigo, es por eso que tenemos que seguir con nuestra lucha. Perón no puede seguir en el poder, no podemos permitir que destrocen lo que queda de esta gran nación. Es por eso que tenés que tener paciencia y creer en mi padre. Es por eso que tenés que filmar a ese tipo hoy a la noche, para que nosotros juntemos más material contra el tirano. - Pero lo que me pedís es demasiado riesgoso, si me agarran seguro me matan, no me preocupa mi seguridad. ¿Pero que va a ser de mi familia? - Sabés que no tenés que preocuparte por eso, nosotros nos vamos a ocupar de todo y cuando digo de todo, eso incluye tu bienestar y el de tu familia. Ahora bien, tenés todo arreglado para esta noche, no llegues tarde ya que nuestro hombre, nos dijo que el tipo es muy puntual, siempre llega al departamento a las ocho de la noche y para esa hora vos tenés que estar dentro con todo listo para rodar. Tenemos un trato, son los dos mil dólares que pediste y te agrego mil más. Ese dinero te dará aire más que suficiente como para mantener a tu familia y más. El pago es contra la entrega del material, asi que te pido por favor que hagas las cosas bien, sin errores… - Tenés razón Esteban cuatro mil es mucha plata y compran muchas dudas, no hay nada más que hablar. Facundo le estrecha la mano a su amigo y sale del salón acompañado por uno de los guardaespaldas de Esteban. A penas se retiran, Esteban toma el teléfono de la mesa que tiene junto al sillón, marca un número y espera a ser atendido mientras aspira el humo del cigarrillo recién encendido por otro de sus guardaespaldas. La conversación es corta. - Hola. - Ya va en camino, preparen todo y hagan lo que tienen que hacer, no quiero errores. - ¡BASTA…., TÉRMINALA… con la perorata de los dichos de tu padre! – Interrumpe Facundo enojado – Me llenas las bolas con tanto discurso de mierda. - .... - Para vos es fácil, no trabajaste en tu vida y vivís de las ganancias de las tierras que heredaron de tu abuelo. Esto lo ves como un juego de niño rico, que busca nuevas experiencias, que lo hagan sentir vivo... - Me insultas Facundo... No te permito que me trates así, por eso te voy a pedir que te retires de mi casa. No estoy para escuchar críticas sobre mi estilo de vida y menos viniendo de parte de un fracasado con aires de artista, que no vale una gota de mi tiempo. Facundo se levanta violenta y completamente fuera de si, del sillón, el cual cae al suelo rodando unos centímetros sobre la gran alfombra roja que viste la sala. Parado frente a Esteban su amigo, quien asustado por la situación no reacciona, ni aún cuando Facundo lo agarra por las solapas de su saco con ambas y lo arrastra para si, quedando ambos cara a cara. - Escúchame bien, marica. ¡Nadie pero nadie, va a joder de nuevo con mi vida! Ni el forro de Perón, ni los putos ricos culorotos que vos representas, por lo tanto este es el fin para nosotros y si te llegas a cruzar de nuevo en mi camino… voy a hacer que te arrepientas. Asi que dame lo que me debes y acá se acaba todo. ¡Me entendiste, chupa pijas! - Si...si – responde asustado Esteban – el dinero está en la cajita de plata arriba de la cómoda, es todo tuyo, agarralo, pero no me lastimes…conmigo, no tenés porque usar la violencia. Facundo suelta a Esteban, quien mientras se arregla el saco respira aliviado y se dirige hacia la cómoda. Esteban aprovechando que Facundo le da la espalda, hurga en uno de los bolsillos de su saco y extrae una pequeña pistola calibre veintidós, con la cual le apunta a Facundo. En la casa retumban cuatro disparos. El cuerpo sin vida de Facundo cae pesadamente sobre el piso de mármol bañando parte del mismo con la sangre que sale a borbotones de su cabeza. Esteban se levanta del sillón camina hacia donde está Facundo y se queda parado junto al cuerpo de su amigo, con la mirada puesta en la sangre que empieza a cubrir la suela de uno de sus zapatos, los cuales aparte, mientras una sonrisa aflora en sus labios recién pintados. FIN DE LA PRIMERA PARTE.
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Mensaje escrito por fersampa el 03/11/2018 10:56:44 pm - Puntaje: 1 
111111 escribió: Espectacular, Girión, siga siga, pordiooooo Respecto al relato que comencé ahí arriba... pensé que lo terminaba hoy, pero no: arranqué a la mañana, estuve afuera toda la tarde, estiré unas líneas más ahora ya oscureciendo... y ahora me voy a ver la UFC, así que, Dios mediante, termino mañana, estimo, porque es desenlace ya está en tiempo de descuento tenía que haber asomado hace un rato... pero, tal como dije, empiezo pensando en 20 renglones y termino escribiendo 200 .
Como me dijieron una vez el secreto para contar una buena historia sin irse por las ramas. Es tener una idea certera de como va a terminar, tu historia antes de comenzar a escribirla. De esa forma solo pensas en como llegar hasta ahí y no abrís situaciones que no te llevan a nada más que a confundir la trama original.

Mensaje escrito por fersampa el 03/11/2018 07:48:03 pm - Puntaje: 0 
Gracias Tabita sos una GENIA.

Mensaje escrito por fersampa el 01/11/2018 12:36:34 pm - Puntaje: 1 
Gran película, la vi en cines y está pre-seleccionada por Polonia. Para competir en los oscar 2019 como mejor película extranjera.

Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 08:09:10 pm - Puntaje: 5 
En esta noche futbolera, comparto un cuento del genial Eduardo Sacheri, el cual me tocó guionar, hace unos años. EL CUENTITO Autor Eduardo Sacheri. Yo lo miré a José, que estaba subido al techo del camión de Gonzalito. Pobre, tenía la desilusión pintada en el rostro, mientras en puntas de pie trataba de ver más allá del portón y de la ruta. Pero nada: solamente el camino de tierra y, al fondo, el ruido de los camiones. En ese momento se acercó el Bebé Grafo y, gastador como siempre, le gritó: ¡Che, Josesito!, ¿qué pasa que no viene el maestro? ¿Será que arrugó para evitarse el papelón, viejito?. Josesito dejó de mirar la ruta y trató de contestar algo ocurrente, pero la rabia y la impotencia lo lanzaron a un tartamudeo penoso. El otro se dio vuelta, con una sonrisa sobradora colgada en la mejilla, y se alejó moviendo la cabeza, como negando. Al fin, a Josesito se le destrabó la bronca en un concluyente ¡andálaputaqueteparió!, pero quedó momentáneamente exhausto por el esfuerzo. Ahí se dio vuelta a mirarme, como implorando una frase que le ordenara de nuevo el universo. Y ahora qué hacemos, decíme, me lanzó. Para Josesito, yo vengo a ser algo así como un oráculo pitonístico, una suerte de profeta infalible con facultades místicas. Tal vez, pobre, porque soy la única persona que conoce que fue a la facultad. Más por compasión que por convencimiento, le contesté con tono tranquilizador: Quedáte piola, Josesito, ya debe estar llegando. No muy satisfecho, volvió a mirar la ruta, murmurando algo sobre promesas incumplidas. Aproveché entonces para alejarme y reunirme con el resto de los muchachos. Estaban detrás de un arco, alguno vendándose, otro calzándose los botines, y un par haciendo jueguitos con una pelota medio ovalada. Menos brutos que Josesito, trataban de que no se les notaran los nervios. Pablo, mientras elongaba, me preguntó cómo al pasar: Che, Carlitos, ¿era seguro que venía, no? Mirá que después del barullo que armamos, si nos falla justo ahora.... Para no desmoralizar a la tropa, me hice el convencido cuando le contesté: Pero, muchachos, ¿no les dije que lo confirmé por teléfono con la madre de él, en Buenos Aires?. El Bebé Grafo se acercó de nuevo desde el arco que ocupaban ellos: Che, Carlos, ¿me querés decir para qué armaron semejante bardo, si al final tu amiguito ni siquiera va a aportar?. En ese momento saltó Cañito, que había terminado de atarse los cordones, y sin demasiado preámbulo lo mandó a la mierda. Pero el Bebé, cada vez más contento de nuestro nerviosismo, no le llevó el apunte y me siguió buscando a mí: En serio, Carlitos, me hiciste traer a los muchachos al divino botón, querido. Era más simple que me dijeras mirá, Bebé, no quiero que este año vuelvan a humillarnos como los últimos nueve años, así que mejor suspendemos el desafío. Y adoptando un tono intimista, me puso una mano en el hombro y, hablándome al oído, agregó: Dale, Carlitos, ¿en serio pensaste que nos íbamos a tragar que el punto ese iba a venirse desde Europa para jugar el desafío?. Más caliente por sus verdades que por sus exageraciones, le contesté de mal modo: Y decíme, Bebé, si no se lo tragaron, ¿para qué hicieron semejante quilombo para prohibirnos que lo pusiéramos?: que profesionales no sirven, que solamente con los que viven en el barrio. Según vos, ni yo que me mudé al Centro podría haber jugado. Habían sido arduas negociaciones, por cierto. El clásico se jugaba todos los años, para mediados de octubre, un año en cada barrio. Lo hacíamos desde pibes, desde los diez años. Una vuelta en mi casa, mi primo Ricardo, que vivía en el barrio de la Textil, se llenó la boca diciendo que ellos tenían un equipo invencible, con camisetas y todo. Por principio más que por convencimiento, salté ofendidísimo retrucándole que nosotros, los de acá, los de la placita, sí teníamos un equipo de novela. Sellar el desafío fue cuestión de segundos. El viejo de Pablo nos consiguió las camisetas a último momento. Eran marrones con vivos amarillos y verdes. Un asco, bah. Pero peor hubiese sido no tenerlas. Ese día ganamos 12 a 7 (a los diez años, uno no se preocupa tanto de apretar la salida y el mediocampo, y salen partidos más abiertos, con muchos goles). Tito metió ocho. No sabían cómo pararlo. Creo que fue el primer partido que Tito jugó por algo. A los catorce, se fue a probar al club y lo ficharon ahí nomás, al toque. Igual, siguió viniendo al desafío hasta los veinte, cuando se fue a jugar a Europa. Entonces se nos vino la noche. Nosotros éramos todos matungos, pero nos bastaba tirársela a Tito para que inventara algo y nos sacara del paso. A los dieciséis, cuando empezaron a ponerse piernas fuertes, convocamos a un referí de la Federación: el chino Takawara (era hijo de japoneses, pero para nosotros, y pese a sus protestas, era chino). Ricardo, que era el capitán de ellos, nos acusaba de coimeros: decía que ganábamos porque el chino andaba noviando con la hermana grande del Tanito, y que ella lo mandaba a bombear para nuestro lado. Algo de razón tal vez tendría, pero lo cierto es que, con Tito, éramos siempre banca. Cuando Tito se fue, la cosa se puso brava. Para colmo, al chino le salió un trabajo en Esquel y se fue a vivir allá (ya felizmente casado con la hermana del Tanito). Con árbitros menos sensibles a nuestras necesidades, y sin Tito para que la mandara guardar, empezamos a perder como yeguas. Yo me fui a vivir a la Capital, y algún otro se tomó también el buque, pero, para octubre, la cita siempre fue de fierro. Ahí me di cuenta del verdadero valor de mis amigos. Desde la partida de Tito, perdimos al hilo seis años, empatamos una vez, y perdimos otros tres consecutivos. Tuvimos que ser muy hombres para salir de la cancha año tras año con la canasta llena y estar siempre dispuestos a volver. Para colmo, para la época en que empezamos a perder, a algunos de nosotros, y también de ellos, se nos ocurrió llevar a las novias a hacer hinchada en los desafíos. Perder es terrible, pero perder con las minas mirando era intolerable. Por lo menos, hace cuatro años, y gracias a un incidente menor entre las nuestras y las de ellos, prohibimos de común acuerdo la presencia de mujeres en el público. Bah, directamente prohibimos el público. A mí se me ocurrió argüir que la presión de afuera hacía más duros los encontronazos y exacerbaba las pasiones más bajas de los protagonistas. Y ellos, con el agrande de sus victorias inapelables, nos dijeron que bueno, que de acuerdo, pero que al árbitro lo ponían ellos. Al final, acordamos hacer los partidos a puertas cerradas, y afrontamos la cuestión arbitral con un complejo sistema de elección de referís por ternas rotativas según el año, que aunque nos privó de ayudas interesantes, nos evitó bombeos innecesarios. Igual, seguimos perdiendo. El año pasado, tras una nueva humillación, los muchachos me pidieron que hiciera algo. No fueron muy explícitos, pero yo lo adiviné en sus caras. Por eso este año, cuando Tito me llamó para mi cumpleaños, me animé a pedirle la gauchada. Primero se mató de la risa de que le saliera con semejante cosa, pero, cuando le di las cifras finales de la estadística actualizada, se puso serio: 22 jugados, 10 ganados, 3 empatados, 9 perdidos. La conclusión era evidente: uno más y el colapso, la vergüenza, el oprobio sin límite de que los muertos esos nos empataran la estadística. Me dijo que lo llamara en tres días. Cuando volvimos a hablar me dijo que bueno, que no había problema, que le iba a decir a su vieja que fingiera un ataque al corazón para que lo dejaran venir desde Europa rapidito. Después ultimé los detalles con doña Hilda. Quedamos en hacerlo de canuto, por supuesto, porque si se enteraban allá de que venía a la Argentina, en plena temporada, para un desafío de barrio, se armaba la podrida. A mi primo Ricardo igual se lo dije. No quería que se armara el tole tole el mismo día del partido. Hice bien, porque estuvimos dos semanas que sí que no, hasta que al final aceptaron. No querían saber nada, pero bastó que el Tanito, en la última reunión, me murmurara a gritos un dejá, Carlos, son una manga de cagones. Ahí nomás el Bebé Grafo, calentón como siempre, agarró viaje y dijo que sí, que estaba bien, que como el año pasado, el sábado 23 a las diez en el sindicato, que él reservaba la cancha, que nos iban a romper el traste como siempre, etcétera. Ricardo trató de hacerlo callar para encontrar un resquicio que le permitiera seguir negociando. Pero fue inútil. La palabra estaba dada, y el Tanito y el Bebé se amenazaban mutuamente con las torturas futbolísticas más aterradoras, mientras yo sonreía con cara de monaguillo. Cuando el resto de los nuestros se enteró de la noticia, el plantel enfrentó la prueba con el optimismo rotundo que yo creía extinguido para siempre. El sábado a las nueve llegaron todos juntos en el camión de Gonzalito. El único que se retrasó un poco fue Alberto, el arquero, que como la mujer estaba empezando el trabajo de parto esa mañana, se demoró entre que la llevó a la clínica y pudo convencerla de que se quedara con la vieja de ella. Ellos llegaron al rato, y se fueron a cambiar detrás del arco que nosotros dejamos libre. Pero cuando faltaban diez minutos para la hora acordada, y Tito no daba señales de vida, se vino el Bebé por primera vez a buscar camorra. Por suerte, me avivé de hacerme el ofendido: le dije que el partido era a las diez y media y no a las diez, que qué se creía y que no jodiera. Lo miré al Tanito, que me cazó al vuelo y confirmó mi versión de los hechos. El Bebé negó una vez y otra, y lo llamó a Ricardo en su defensa. Por supuesto, Ricardo se nos vino al humo gritando que la hora era a las diez y que nos dejáramos de joder. Ante la complejidad que iba adquiriendo la cosa, con el Tanito juramos por nuestras madres y nuestros hijos, por Dios y por la Patria, que la hora era diez y media, que en el café habíamos dicho diez y media, y que por teléfono habíamos confirmado diez y media, y que todavía faltaba más de media hora para las diez y media, y que se dejaran de romper con pavadas. Ante semejantes exhibiciones de convicción patrióticoreligiosa, al final se fueron de nuevo a patear al otro arco, esperando que se hiciera la hora. Después, con el Tanito nos dimos ánimo mutuamente, tratando de persuadirnos de que un par de juramentos tirados al voleo no podían ser demasiado perjudiciales para nuestras familias y nuestra salvación eterna. Fue cuando lo mandé a Josesito a pararse arriba del camión, a ver si lo veía venir por el portón de la ruta, más por matar un poco la ansiedad que porque pensase seriamente en que fuese a venir. Es que para esa altura yo ya estaba convencido, en secreto, de que Tito nos había fallado. Había quedado en venir el viernes a la mañana, y en llamarme cuando llegara a lo de su vieja. El martes marchaba todo sobre ruedas. En la radio comentaron que Tito se venía para Buenos Aires por problemas familiares, después del partido que jugaba el miércoles por no sé qué copa. Pero el jueves, y también por la radio, me enteré de que su equipo, como había ganado, volvía a jugar el domingo, así que en el club le habían pedido que se quedara. Ese día hablé con doña Hilda, y me dijo que ella ya no podía hacer nada: si se suponía que estaba en terapia intensiva, no podía llamarlo para recordarle que tomara el avión del viernes. El viernes les prohibí en casa que tocaran el teléfono: Tito podía llamar en cualquier momento. Pero Tito no aportó. A la noche, en la radio confirmaron que Tito jugaba el domingo. No tuve ánimo ni para calentarme. Me ganó, en cambio, una tristeza infinita. En esos años, las veces que había venido Tito me había encantado comprobar que no se había engrupido ni por la plata ni por salir en los diarios. Se había casado con una tana, buena piba, y tenía dos chicos bárbaros. Yo le había arreglado la sucesión del viejo, sin cobrarle un mango, claro. Él siempre se acordaba de los cumpleaños y llamaba puntualmente. Cuando venía, se caía por mi casa con regalos, para mis viejos y mi mujer, como cualquiera de los muchachos. Por eso, porque yo nunca le había pedido nada, me dolía tanto que me hubiese fallado justo para el desafío. Esa noche decidí que, si después me llamaba para decirme que el partido de allá era demasiado importante y que por eso no había podido cumplir, yo le iba a decir que no se hiciera problema. Pero lo tenía decidido: chau, Tito, moríte en paz. Aunque no lo hiciera por mí, no podía cagar impunemente a todos los muchachos. No podía dejarnos así, que perdiéramos de nuevo y que nos empataran la estadística. Al fin y al cabo, en el primer desafío, cuando era un flaquito escuálido por el que nadie daba dos mangos, y que nos venía sobrando (porque en esa época jugábamos en la canchita del corralón, que era de seis y un arquero, yo igual le dije vení, pibe, jugá adelante, que sos chiquito y si sos ligero capaz que la embocás. Por eso me dolía tanto que se abriera, y porque cuando se fue a probar al club, como no se animaba a ir solo, fuimos con Pablo y el Tanito los cuatro, para que no se asustara. Porque él decía y yo para qué voy a ir, si no conozco a nadie adentro, si no tengo palanca, y yo que dale, que no seas boludo, que vamos todos juntos así te da menos miedo. Y ahí nos fuimos, y el pobre de Pablo se tuvo que bancar que el técnico de las inferiores le dijera a los cinco minutos ¡salí, perro, a qué carajo viniste!, y el Tanito y yo tuvimos que pararlo a Tito que quiso que nos fuéramos todos ahí mismo, y decirle que volviera que el tipo lo miraba seguido. Nosotros dos, con el Tanito, duramos un tiempo y pico, pero después nos cambiaron y el guanaco ese nos dijo ta bien, pibes, cualquier cosa les hago avisar por el flaquito aquel que juega de nueve, nos dijo señalándolo a Tito que seguía en la cancha. Pero no nos importó, porque eso quería decir que sí, que Tito entraba, que Tito se quedaba, y nos dio tanta alegría que hasta a Pablo se le pasó la calentura, primero porque Tito había entrado, y segundo porque, como yo andaba con las llaves de mi casa, en la playa de estacionamiento pudimos rayarle la puerta del rastrojero al infeliz del técnico. Y después, cuando le hicieron el primer contrato profesional, a los 18, y lo acostaron con los premios, lo acompañé yo a ver a un abogado de Agremiados y ya no lo madrugaron más, y cuando lo vendieron afuera yo todavía no estaba recibido, pero me banqué a pie firme la pelea con los gallegos que se lo vinieron a llevar, y siempre sin pedirle un mango. Ah, y con el Tanito, aparte, cuando nos encargamos de su vieja cuando el viejo, don Aldo, se murió y él estaba jugando en Alemania porque el Tanito, que seguía viviendo en el barrio, se encargó de que no le faltara nada, y que los muchachos se dieran una vuelta de vez en cuando para darle una mano con la pintura, cambiarle una bombita quemada, llamarle al atmosférico cuando se le tapara el pozo, qué sé yo, tantas cosas. Nunca lo hicimos por nada, nos bastó el orgullo de saberlo del barrio, de saberlo amigo, de ver de vez en cuando un gol suyo, de encontrarnos para las fiestas. Lo hicimos por ser amigos, y cuando él, medio emocionado, nos decía muchachos, cómo cuernos se lo puedo pagar, nosotros que no, que dejá de hinchar, que para qué somos amigos, y el único que se animaba a pedirle algo era Josesito, que lo miraba serio y le decía mirá, Tito, vos sabés que sos mi hermano, pero jamás de los jamases se te ocurra jugar en San Lorenzo, por más guita que te pongan no vayás, por lo que más quieras porque me muero de la rabia, entendeme, Tito, a cualquier otro sí, Tito, pero a San Lorenzo por Dios te pido no vayás ni muerto, Tito. Y Tito que no, que quedáte tranquilo, Josesito, aunque me paguen fortunas a San Lorenzo no voy por respeto a vos y a Huracán, te juro. Por eso me dolía tanto verlo justo a Josesito, defraudado, parado en puntas de pie sobre el techo del camión de reparto y a los otros probándolo a Alberto desde afuera del área, con las medias bajas, pateando sin ganas, y mirándome de vez en cuando de reojo, como buscando respuestas. Cuando se hicieron las diez y media, Ricardo y el Bebé se vinieron de nuevo al humo. Les salí al encuentro con Pablo y el Tanito para que los demás no escucharan. Es la hora, Carlos, me dijo Ricardo. Y a mí me pareció verle un brillo satisfecho en los ojos. ¿Lo juegan o nos lo dan derecho por ganado?, preguntó, procaz, el Bebé. El Tanito lo miró con furia, pero la impotencia y el desencanto lo disuadieron de putearlo. Andá ubicando a los tuyos, y llamálo al árbitro para el sorteo, le dije. Desde el mediocampo, le hice señas a Josesito de que se bajara del camión y se viniera para la cancha. Para colmo, pensé, jugábamos con uno menos. Éramos diez, y preferí jugar sin suplentes que llamar a algún extraño. En eso, ellos también eran de fierro. No jugaba nunca ninguno que no hubiese estado en los primeros desafíos. Cuando Adrián me avisó en la semana que no iba a poder jugar por el desgarro, le dije que no se hiciera problema. Hasta me alegré porque me evitaba decidir cuál de todos nosotros tendría que quedarse afuera. Tito me venía justo para completar los once. Para colmo, perdimos en el sorteo. Tuvimos que cambiar de arco. Hice señas a los muchachos de que se trajeran los bolsos para ponerlos en el que iba a ser el nuestro en el primer tiempo. Yo sabía que era una precaución innecesaria. Con ellos nos conocíamos desde hacía veinte años, pero me pareció oportuno darles a entender que, a nuestro criterio, eran una manga de potenciales delincuentes. Cuando me pasaron por el costado, cargados de bultos, Alejo y Damián, los mellizos que siempre jugaron de centrales, les recordé que se turnaran para pegarle al once de ellos, pero lo más lejos del área que fuera posible. Alejo me hizo una inclinación de cabeza y me dijo un quedáte pancho, Carlitos. En ese momento me acordé del partido de dos años antes. Iban 43 del segundo tiempo y en un centro a la olla, él y el tarado de su hermano se quedaron mirándose como vacas, como diciéndose saltá vos. El que saltó fue el petiso Galán, el ocho de ellos: un metro cincuenta y cinco, entre los dos mastodontes de uno noventa. Uno a cero y a cobrar. Espantoso. Cuando nos acomodamos, fuimos hasta el medio con Josesito para sacar. Con la tristeza que tenía, pensé, no me iba a tocar una pelota coherente en todo el partido. De diez lo tenía parado a Pablo. Si a los dieciséis el técnico aquél lo sacó por perro, a los treinta y cuatro, con pancita de casado antiguo, era todo menos un canto a la esperanza. El Bebé, muy respetuoso, le pidió permiso al árbitro para saludarnos antes del puntapié inicial (siempre había tenido la teoría de que olfear a los jueces le permitía luego hacerse perdonar un par de infracciones). Cuando nos tuvo a tiro, y con su mejor sonrisa, nos envenenó la vida con un pobres muchachos, cómo los cagó el Tito, qué bárbaro, y se alejó campante. Pero justo ahí, justo en ese momento, mientras yo le hablaba a Josesito y el árbitro levantaba el brazo y miraba a cada arquero para dar a entender que estaba todo en orden, y Alberto levantaba el brazo desde nuestro arco, me di cuenta de que pasaba algo. Porque el referí dio dos silbatazos cortitos, pero no para arrancar, sino para llamar la atención de Ricardo (que siempre es el arquero de ellos). Aunque lo tenía lejos, lo vi pálido, con la boca entreabierta, y empecé a sentir una especie de tumulto en los intestinos mientras temía que no fuera lo que yo pensaba que era, temía que lo que yo veía en las caras de ellos, ahí delante de mí, no fuese asombro, mezclado con bronca, mezclado con incredulidad que no fuese verdad que el Bebé estuviera dándose vuelta hacia Ricardo, como pidiendo ayuda que no fuera cierto que el otro siguiera con la vista clavada en un punto todavía lejano, todavía a la altura del portón de la ruta, todavía adivinando sin ver del todo a ese tipo lanzado a la carrera con un bolsito sobre el hombro gritando aguanten, aguanten que ya llego, aguanten que ya vine, y como en un sueño el Tanito gritando de la alegría, y llamándolo a Josesito, que vamos que acá llegó, carajo, que quién dijo que no venía, y los mellizos también empezando a gritar, que por fin, que qué nervios que nos hiciste comer, guacho, y yo empezando a caminar hacia el lateral, como un autómata entre canteros de margaritas, aún indeciso entre cruzarle la cara de un bife por los nervios y abrazarlo de contento, y Tito por fin saliendo del tumulto de los abrazos postergados, y viniendo hasta donde yo estaba plantado en el cuadradito de pasto en el que me había quedado como sin pilas, y mirándome sonriendo, avergonzado, como pidiéndome disculpas, como cuando le dije vení, pibe, jugá de nueve, capaz que la embocás y yo ya sin bronca, con la flojera de los nervios acumulados toda junta sobre los hombros, y él diciéndome perdoná, Carlos, me tuve que hacer llamar a la concentración por mi tía Juanita, pero conseguí pasaje para la noche, y llegué hace un rato, y perdonáme por los nervios que te hice chupar, te juro que no te lo hago más, Carlitos, perdonáme, y yo diciéndole calláte, boludo, calláte, con la garganta hecha un nudo, y abrazándolo para que no me viera los ojos, porque llorar, vaya y pase, pero llorar delante de los amigos jamás y el mundo haciendo click y volviendo a encastrar justito en su lugar, el cosmos desde el caos, los amigos cumpliendo, cerrando círculos abiertos en la eternidad, cuando uno tiene catorce y dice ta bien, te acompañamos, así no te da miedo. Como Tito llegó cambiado, tiró el bolso detrás del arco y se vino para el mediocampo, para sacar conmigo. Cuando le faltaban diez metros, le toqué el balón para que lo sintiera, para que se acostumbrara, para que no entrara frío (lo último que falta ahora, pensé, es que se nos lesione en el arranque). Se agachó un poquito, flexionando la zurda más que la diestra. Cuando le llegó la bola, la levantó diez centímetros, y la vino hamacando a esa altura del piso, con caricias suaves y rítmicas. Cuando llegó al medio, al lado mío, la empaló con la zurda y la dejó dormir un segundo en el hombro derecho. Enseguida se la sacudió con un movimiento breve del hombro, como quien espanta un mosquito, y la recibió con la zurda dando un paso atrás: la bola murió por fin a diez centímetros del botín derecho. Recién ahí levanté los ojos, y me encontré con el rostro desencajado del Bebé, que miraba sin querer creer, pero creyendo. El petiso Galán, parado de ocho, tenía cara de velorio a la madrugada. Ellos estaban mudos, como atontados. Ahí entendí que les habíamos ganado. Así. Sin jugar. Por fin, diez años después íbamos a ganarles. Los tipos estaban perdidos, casi con ganas de que terminara pronto ese suplicio chino. Cuando vi esos ademanes tensos, esos rostros ateridos que se miraban unos a otros ya sin esperanza, ya sin ilusión ninguna de poder escapar a su destino trágico, me di cuenta de que lo que venía era un trámite, un asunto concluido. Mientras el árbitro volvía a mirar a cada arquero, para iniciar de una vez por todas ese desafío memorable, Josesito, casi en puntas de pie junto a la raya del mediocampo, le sonrió al Bebé, que todavía lo miraba a Tito con algo de pudor y algo de pánico: ¿Y, viste, jodemil...? ¿No que no venía? ¿no que no?, mientras sacudía la cabeza hacia donde estaba Tito, como exhibiéndolo, como sacándole lustre, como diciéndole al rival moríte, moríte de envidia, infeliz. Pitó el arbitro y Tito me la tocó al pie. El petiso Galán se me vino al humo, pero devolví el pase justo a tiempo. Tito la recibió, la protegió poniendo el cuerpo, montándola apenas sobre el empeine derecho. El petiso se volvió hacia él como una tromba, y el Bebé trató de apretarlo del otro lado. Con dos trancos, salió entre medio de ambos. Levantó la cabeza, hizo la pausa, y después tocó suave, a ras del piso, en diagonal, a espaldas del seis de ellos, buscándolo a Gonzalito que arrancó bien habilitado. Fin
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 06:36:52 pm - Puntaje: 4 
PASADO POR AGUA Un cuento corto de Fersampa. Narrativa periodística basada en hechos reales. Darío Gramalia desapareció por 17 días hasta que la policía encontró su cadáver en el dique La Florida a 40km de su domicilio, el cuerpo era mantenido en el fondo del agua por medio de pesas atados en los pies. Gramalia había sido visto por ultima vez a las once de la noche de 22 de septiembre, cuando salió a sacar la basura a la puerta de su casa del barrio 99 viviendas de San Luis. Al día siguiente no fue a la clínica donde trabajaba, ni a buscar a su hijo de 5 años a la escuela. Gramalia mantenía una relación profesional y amorosa con Sonia Randazo, secretaria electoral. El marido de Randazo descubrió el amorío de su mujer con el Kinesiólogo y lo amenazó de muerte en marzo del mismo año. Según la pericias Gramaglia recibió varios golpes en la cabeza, los que lo dejaron en el estado de adormecimiento, durante el cual fue atado con alambres y amordazado con cinta de embalar, la que le daba diez vueltas alrededor de la cabeza entre las cejas y el mentón. Estos estudios también demuestran que la victima forcejeó para evitar que lo ataran, pese a estar adormecido por los golpes y que cuando fue arrojado al dique “ya estaba muerto” Por este crimen se encuentran detenidos Alberto Figueroa esposo de Randazo y Daniel Martinez un pizzero de uno de los negocios de Figueroa quien ayudó a su jefe a secuestrar y a maniatar a Gramaglia. Si bien el juez la dejó libre a Randazo la procesó por encubrimiento. Por este motivo, el partido justicialista de San Luis, informó que pidió al juzgado Federal que Randazo sea separada de su cargo hasta que se clarifique su situación procesal. FIN
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 06:19:25 pm - Puntaje: 1 
nicus07 escribió: Hoy tengo un día de muchola laburo, les pido disculpas, pero aún no he podido leer los cuentos... Igual, es mejor tomarse el tiempo necesario que leer a las apuradas mientras se atiende el negocio... Besitos en el pico a todos
Ya me lo bajé a penas termino de laburar lo leo nicus. Abz
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 06:03:58 pm - Puntaje: 2 
Garyullo escribió: La Plata, 31 de octubre de 2018.Estimado amigo triple once, de mi consideración consideradísima:Abrí este thread, no sin un dejo de vana vanidad, para exhibir el exprimido de mi sesera, cosechar merecidos elogios y críticas infundadas, otorgar el espacio adecuado para que otros colegas creativos que me acompañan en esta epopeya que no dudo sera coronada con el éxito a que mi digna dignidad aspira y, sin duda amerita, continúo porque me perdí para que creativos tal vez no tan creativos como yo, por supuesto, hallen su chance, oportunidad u ocasión de, salir de las sombras e iluminarse un poco con el resplandor que emana de mí.Consciente por experiencia propia y por decires de terceros, acerca de la enorme capacidad creativa que de usted, amigo onceonceonce es posible obtener y, considerando que, desde un principio, tácitamente pero por tácita, no menos ferviente, mente, anhelé contar, no sólo con su apoyo, sino principalmente con su inestimable, invalorable y, ¿debería decirlo? ¿no?, bueno, no, colaboración.He aquí que, lejos de los objetivos deseados, a parsecs de lo antedicho, me lo encuentro utilizando, su apreciado ingenio para, una vez más, bardear y trollear. Amigo, vamos...Escriba unas líneas en las que un experimento fallido deje sin piernas a quien usté más odie, muéstrenos los intrincados senderos por los que es capaz de rumbear a la hora de planificar la demolición de su objeto de iras, de modo que esas rencillas, subatómicas si bien lo miramos, marquen nuevos senderos en el arte del insulto. A tu vieja tal cosa... es una expresión que sólo espero de los DAXes de este Foro amado.Si nos vamos a putear, que sea con creatividad. Este es un espacio creativo.Sin otro particular más que el de brindarle mi más caluroso abrazo y, deseando que al leer estas líneas se encuentre usted bien, física y espiritualmente, quedando yo muy bien, gracias al Creador, lo saludo afectuosamente no sin antes hacerle notar, pues colijo que no se había percatado, que, antes de entrar en aquella curva, taaan orondo y gritando BENZIN!!!, al tipo lo agarró con el alerón trasero.
GARYULLO lo que usted dice es simplemente BRILLANTE y me hago cargo en la parte que me compete por usar el thead para contestarle a triple 11 anónima en vez de aprevecharlo en su totalidad. Por mi parte me comprometo de ahora en más, solo a hacer críticas constructivas a los cuentos que publiquen y hacer algún que otro cuento más que termine y pueda publicar. Muchas Gracias
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 05:45:00 pm - Puntaje: 0 
Y 1111111 anónima, dejate de joder acá. Este thread lo creo Garyullo para gente creativa. Porqué no volvés a intentar queres fastidiarme en privado o arma un thread para decir lo puto y chupa pija que según vos soy y lo pasiva tragaleche y cagona anónima que para mi sos. Y dejamos a la gente creativa disfrutar de este thread. PD: Abrí el threat en mi contra o manda a tus chicas a bardearme en privado, o amabas cosas. No hay problema, me sobra cerebro y chota para todas.... pero dejate de joder por acá.
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 05:38:39 pm - Puntaje: 0 
111111 escribió:
fersampa escribió: Ahí tenés 111111 ya podés empezar a poner tus negativos
[em]``O sea que no puedo postear negativo lo que opinás, aunque esté en contra de tus opiniones. Entonces avisa en el foro que solo ponga manos positivas asi, las pasivas como vos no se enculan y empizan a romper las pelotas´´[/em]Comprate 100 gramos de coherencia, amigo... fijate en ML si encontrás precio, aunque sea.
1111111 anónima. Bueno se ve que aconsejas pero vos no la tomás. o si, lo cual supone una incoherencia de tu parte, lo cual va más con vos. Como dice el dicho Haz lo que yo digo y no lo que ya hago
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 05:29:37 pm - Puntaje: 3 
Garyullo escribió: chuckmont: Muy bueno. Si te digo que conocí personajes así en los arrabales de Berisso, hace muuuchos años...
Graciasss Garyullo . La mayoría de las historias, hasta las que uno cree inventar están basadas en hechos leídos y vividos, aunque a simple viste no te des cuenta. Tu crítica es muy reconfortante. Muchas Gracias.